Dolor no es igual al sufrimiento

El dolor suele ser un punto de inflexión, es cuando muchos de los que acuden a nosotros deciden dar el paso de ir a ver a un psicólogo. Frecuentemente se trata de una situación que ha aparecido de forma repentina y, con un dolor intenso que resulta difícil de manejar, o una situación que se ha prologado en el tiempo presentándose con altibajos. Cuando esta situación de altibajos acumulados se da, llega un momento en el que ya no es sostenible y los recursos están agotados, nada de lo que hacíamos antes, ahora nos vale. Es cuando hacemos una decisión consciente de cómo vamos a manejar el dolor.

Hay dos maneras de afrontar los problemas y el dolor que experimentamos:  

– El afrontamiento activo es cuando una persona dirige sus actitudes y comportamientos hacia una solución del problema.

– El afrontamiento pasivo, de lo contrario, implica evitar la problemática, lo cual, a menudo conlleva a la aparición de nuevos problemas.

Por lo tanto, cuando afrontamos activamente a un problema buscamos cómo podemos superar la situación que se ha presentado, mientras en el afrontamiento pasivo no hacemos nada, nos quedamos paralizados o incluso se puede intentar evitar el dolor con alcohol o sustancias, ver la televisión o YouTube en exceso, conducción temeraria – de alguna manera intentar sentir otra cosa. No obstante, como se señaló, a menudo este tipo de afrontamiento puede conllevar problemas nuevos de otra índole: depresión, ansiedad, adicción, accidentes, baja autoestima por sentirse incapaz.

Sufrimiento o crecimiento como elección

No es grato enfrentarse a un problema, al dolor. Nadie quiere sentirlo, ni vivirlo, pero el dolor nos viene a todos. No obstante, según lo que hacemos con nuestra vivencia tiene repercusiones más allá de lo que ocurre en el ahora. Por ello, cuando optamos por un afrontamiento pasivo vamos por un camino que produce un sufrimiento prolongado. Dicen que el tiempo lo cura todo, y en algunos casos es cierto, pero en la mayoría no es el tiempo en sí, sino lo que hacemos con el tiempo. De ahí, el dolor no es opcional, pero el sufrimiento sí lo es en muchas situaciones.

Hay que tener en cuenta que, igual que se han descrito las consecuencias de un afrontamiento pasivo anteriormente, hay que resaltar que un afrontamiento activo permite un crecimiento personal importante, como consecuencia: desarrollamos recursos para sobrellevar futuros problemas, mejoramos a nivel de autoestima y autoeficacia para dar unos ejemplos.  

Si intentamos ver esto en términos cuantitativos, a menudo optamos por un afrontamiento pasivo porque sentimos menos dolor, pero es un dolor que se alarga en el tiempo – sufrimiento. El afrontar implica sentir un dolor más intenso. No obstante, igualmente conlleva iniciar un proceso que en la mayor parte de los casos será necesario, y cada día que pasa nos lleva un paso más cerca a la resolución del problema y también al cese del dolor.

Vamos a ejemplificar

María está en una relación tóxica, su novio no le trata bien. Tiene miedo a dejar la relación, no cree que pueda estar sin él. La esperanza es lo último que se pierde, y como hay momentos bonitos a los que se aferra, sigue en la relación a pesar de sentirse deprimida y ansiosa por no saber cuándo vendrá la próxima bronca. María aguanta, sobrelleva los altibajos, vive con intensidad los altos y se esconde en Netflix y fumar marihuana cuando las cosas no van bien. Se siente mal consigo misma, con él, hay veces que se odia a sí misma por aguantar, pero luego duda si es ella o es él quien está produciendo estas vivencias. El hecho es que ella no es feliz, vive anhelando que las cosas fueran como al principio.

Pasa el tiempo, cada vez está más hundida, los momentos bonitos son cada vez más escasos. Llega a un punto en el que ya no es sostenible seguir, tiene que cambiar algo. Deja la relación, moviliza recursos como retomar relaciones de amistad que había dejado, cuenta a su familia cómo está, empieza a hacer deporte para intentar estar mejor e inicia terapia con un psicólogo. Es un momento muy complicado, se siente peor que nunca, perdida, pero poco a poco empieza a tener algunos días en los que se siente más ligera, que puede. Con la ayuda y el apoyo con el que se rodea el dolor disminuye.

Tras un tiempo ha pasado el duelo de la relación. María se siente fuerte, capaz, se conoce más a sí misma. Ha pasado por algo muy difícil, pero ha podido con ello. Mira atrás y recuerda esa sombra gris que era estando en la relación, y se siente tan libre ahora. Ahora es consciente de cómo manejó la relación, sabe qué hacer si se fuera a presentar una situación semejante, y por tanto, está preparada para una relación más saludable, siendo ella más saludable emocionalmente.

Nota final

Como vemos, cuando María opta por un afrontamiento activo buscando ayuda, haciendo cosas que quizá no le apetezca pero que le favorecen en su proceso, termina con el sufrimiento prolongado, se enfrenta a su miedo, a sí misma y al dolor. Ese dolor era inevitable, tenía que subir esa montaña. El sufrimiento previo a dicha escalada sí era opcional en gran medida.

Obviamente, en términos teoréticos las cosas parecen más sencillas que en la práctica, pero la consciencia de lo que nos puede esperar y las implicaciones de las decisiones que tomamos es un primer paso importante para crecer en la dirección que deseemos.

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